Me recuerdas
a todos esos poemas que me sé
casi tan de memoria
como la forma de tus labios.
Los minutos se convierten en segundos
y las cuadras de esta ciudad
se hacen cortas a tu lado.
Llega el momento de decir adiós
y te abrazo como si no volviera a verte,
como si ya te extrañara
-y lo hago-
Esta ardua tarea
de ser indiferente
y esconder mis sentimientos
no está en mi naturaleza,
y de vez en cuando
a mi intento de amistad
se le escapan un par de brillos
y mis ojos me delatan,
y me invade el miedo
de haberte asustado
con mi falta de cautela
y mi exceso de cariño.
Ojalá supieras
como hasta tu aroma me enloquece,
como tu compañía me deja en un estado de euforia,
casi idiota se podría decir.
Ojalá supieras
que todo el amor que tengo
te pertenece,
así,
sin revuelo ni reproche.
Y ojalá
pudiera decirte
lo bien que me haces
sin dañarte con la culpa
de no quererme
con la forma e intensidad
con la que yo
te quiero.
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