Baila, mi pequeña bailarina.
Deslízate en mis sueños
cual ninfa, libre y salvaje.
Ya no conviertas tu fuego interno
en siluetas de humo con aroma a soledad.
Encuentra la manera de danzar
al compás de tus latidos
y cuando por fin seas libre,
vuela, mi pequeña golondrina.
Baila, ríe, ama, pero sobre todo,
vive.
