Sus gestos,
su sonrisa,
sus labios,
sus lunares.
Su voz,
su andar,
su aroma,
su esencia.
La belleza en lo que no se piensa,
la manera en la que al moverse su camiseta
quedan al descubierto retazos de su piel,
cálida,
iridiscente,
efímera.
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