A la persona que me hizo reír, y a mi misma que me hice llorar.
Cuando dijiste que ella iba en círculos,
dije que iba a esperar,
jamás creí
que esos círculos causarían un huracán
y me dejarían en un limbo interminable
de dulzuras y amargura.
Déjame decirte que no hay día en que mi sonrisa,
que ahora te pertenece,
no se haya convertido en lágrimas de ansiedad
por la cantidad de preguntas,
y la inevitable falta de respuestas.
Déjame decirte que tu silencio me acecha,
y que mis monstruos -y mis miedos- lo alimentan,
pero que tu mirada los ahuyenta
cada vez que me miras a los ojos.
Que la euforia que causas todos los días,
se apaga con mis temores de quedarme sola.
Que tus labios me dejan pensando
y no se si debería convertirlos en risa
o en beso.
Y que si me dices que no,
me derrumbaré otra vez.
Pero no te preocupes, corazón,
con la cantidad de grietas que tengo
y todos los terremotos que pasaron,
podría mirarte a los ojos y sonreír
mientras aplastas,
sin saberlo,
lo que queda de mi corazón
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