He de pedirte que si te vas, no vuelvas.
Cada vez que te vas,
construyo un muro a mi alrededor
para que ya no puedas entrar
y coloco ventanas de cristal,
para verte marchar
junto con mis miedos
-y una parte de mi alma-
Pero cuando finalmente
la comodidad se vuelve certeza
y mis alas ya no duelen al intentar volar,
vuelves a aparecer;
y tu voz rompe los cristales
y tu presencia derrumba las paredes,
y mis miedos entran contigo
solo para quedarse conmigo
al verte desaparecer,
otra vez.
Y me dejas sola entre escombros
que con paciencia reconstruyo;
pero todo mi esfuerzo es en vano
porque al final,
cuando he puesto el último ladrillo,
vuelves a romper todo,
prendes fuego mi alma
y yo sonrío mientras lo haces.
Y me das felicidad a cuentagotas
mientras rasguñas mi corazón.
Solo para dejarme,
de nuevo,
entre cenizas y escombros,
con un alma rota y un corazón herido.
Y vuelvo a empezar,
anticipando lo que va a pasar,
sintiéndome como Ícaro,
volando demasiado cerca del sol.
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