domingo, 20 de enero de 2019

Adicción

No puedo evitar pensar
en el roce de la piel
causando ese cosquilleo
familiar y embriagador.

Tus besos revolotean en mi mente
y mis labios, enojados,
no hacen otra cosa
que clamar por más.

Tu aroma me enceguece,
la forma de tus labios me enloquece
-y que hermosa locura, corazón-
Te has vuelto una adicción
-una encantadora, por cierto-
y ahora, mi hambre no se calma
si no es contigo.

Entonces comienzo
por rodear tu cintura con mis brazos,
posando mi cabeza sobre tu hombro,
y te regalo
una avalancha de besos tiernos
estampados en tu mejilla,
con la esperanza de que alguno
termine en tus labios
y se convierta en poesía.

He de decir
que a veces el miedo me gana
-siempre fui una cobarde encubierta-
y ahí es cuando me arrepiento
de no aprovechar mi tiempo.
Aún así, cuando me creo valiente,
(lo suficiente para robarte un beso)
no me arrepiento de nada,
después de todo,
¿de qué otra forma
puede una volverse adicta
si no es probando?

No hay comentarios.:

Publicar un comentario