sábado, 25 de mayo de 2019

Amapolas marchitas

Hoy me encontré a mi misma
derramando lágrimas en un sendero
que ya tenía mis huellas.
Y es que, al parecer,
nunca aprendo de mis errores.

Volvieron a florecer
amapolas en mi jardín,
llenas de sentimientos,
y volví a esperar
que alguien las recogiera,
pero de tanto esperar
volvieron a marchitarse.

Quizás el invierno
no sea tan intenso esta vez
pero aún así
el frío desgarrador me congela la piel,
y me duele el pecho
al punto de que hasta respirar cuesta.

Debería haber sabido
que dejar a esos ojos castaños
endulzar mi vida
y a esa figura adorable
danzar sobre mi corazón,
eran privilegios
con un precio a pagar.

Debería también
haber aprendido del último invierno
a resguardar mi corazón
y mis sentimientos
antes de que se conviertan,
otra vez,
en cenizas.

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