jueves, 1 de agosto de 2019

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He tocado fondo tantas veces
en tan poco tiempo
que mis piernas se cansaron
y ya no quieren impulsarme.

Mi cabeza está cansada,
se rehúsa a pensar,
solo soy un ente
que vive porque respira
que actúa por inercia
que habla porque puede.

Es que el fondo 
se ha convertido en mi casa
y me doy cuenta
de que lo único que me libera
es la fuerza para seguir.
Entonces la busco, 
entre las cenizas,
entre todo lo que he perdido,
y solo la encuentro
en aquellos que me recuerdan
que solo hay que mirar hacia arriba
para ver que existe luz y una salida.

Quedo atrapada
entre una proyección de quien quiero ser:
una persona que se levanta y no se rinde,
para no fallar a quienes no me fallan,
y la realidad fría y cruda:
ya no me quedan formas de levantarme,
ni voluntad.
A esta altura, una sola pregunta
hace eco en mi cabeza,
¿cómo pretendo no fallarles
cuando me he fallado a mi misma?

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