Es extraño ver
como la misma persona
que causó el oleaje
puede poner la mar en calma,
a esta altura
podría compararte con la luna, corazón.
Ese día
yo no era persona
era una lluvia de primavera
y no había forma de parar mi dolor
o mi destrucción,
estaba dispuesta a arrasar con todo.
Ese día,
en el que creí
que me quedaría sin sentir,
otra vez,
me diste la mano
y me salvaste.
Y quizás no fue
de la forma en la que quería,
pero el sonido de tu risa
y lo cálido de tu alma
me hicieron volver a pensar
en todo lo que siento.
Puede que tu cariño
no venga en forma de corazones
-como me hubiese gustado-
pero viene en forma de abrazo,
con un estallido de colores,
con tono a sinceridad.
Pensé
que luego de romperme,
me alegrarías dos minutos
para matarme al irte
y dejarme sola,
pero resultó
que tus dos minutos
se convirtieron en horas
y en lugar de matarme lentamente,
me sanaste
y te llevaste todo mi dolor.
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